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Llewellyn Vaughan-Lee
El Despertar de la Tierra
Ahora bendícete: aunque has encontrado cosas
muriendo,
he elegido cosas que acaban de nacer.
-- SHAKESPEARE, Un cuento de invierno
Seamos nosotros quienes renueven esta existencia
-- ZARATUSTRA
LA CONCIENCIA UNITIVA:
En este tiempo de transición cuando una era está muriendo
y otra está naciendo, nosotros tenemos una elección: podemos
quedarnos con las imágenes del pasado, con los fantasmas del materialismo
que han contaminado y profanado nuestro planeta, o podemos avanzar hacia
un futuro aún no definido, que está lleno de posibilidades.
Ya hay signos de este futuro, algunos visibles y otros que permanecen
velados. Se pueden ver las semillas de la conciencia global, un profundo
conocimiento de que todos nosotros somos "una" humanidad que
es parte de un interrelacionado ecosistema viviente. Y con este conocimiento
despierta la conciencia unitiva, una conciencia que no se basa en dualidad
sino en la comprensión de la unicidad fundamental que pertenece
a la vida y que es una expresión directa de Dios. En el Internet
y otras formas de comunicación global se nos han entregado algunos
de los instrumentos del futuro, formas de ínterconectividad que
nos pueden llevar más allá de los modelos jerárquicos
del pasado, hacia un modo orgánico y holístico de vivir.
Estos son signos de un futuro que está naciendo que puede liberarnos
del paradigma de dualidad y separación que ha causado tanto conflicto
y división, la incompatibilidad masculino-femenina, la separación
entre materia y espíritu. Lo que está despertando es una
conciencia más integrada que puede sanar y transformar muchas de
las heridas de la era pasada y ofrecer a la humanidad la posibilidad de
vivir en mayor armonía entre nosotros mismos y el planeta. Esta
conciencia que despierta lleva consigo una energía que viene desde
la fuente de la vida, energía que está dinámicamente
viva, que contiene la alegría de la creación, y que trae
una experiencia más directa de la divinidad que existe dentro de
todo.
Durante la última era, los tantísimos dioses y diosas del
politeísmo fueron reemplazados por el Dios Único del monoteísmo.
El Dios masculino del monoteísmo tiene fundamentalmente una naturaleza
trascendental -- vive en el cielo -- y como resultado de esto, a medida
que los dioses y diosas eran desterrados, el mundo creado se alejaba de
su naturaleza divina. La separación entre materia y espíritu
enfatizó la pobreza espiritual del mundo físico. Gran parte
de la magia natural que pertenece a la creación también
fue desterrada, y las mujeres sabias que practicaban sanación y
otras artes naturales fueron perseguidas. A medida que vamos despertando
a la unidad infinita que abarca toda la creación, representación
física de la unicidad de Dios, la humanidad puede recuperar la
divinidad de la materia y el asombro de Su sublime presencia. Ya no necesitamos
vivir más en un mundo de separación que ha divorciado nuestra
naturaleza espiritual de la materia y de nuestro cuerpo. Todo es una celebración
de unicidad divina, todo una oportunidad única de alabar y recordar
a Dios.
Cada momento está dinámicamente vivo con Su presencia. La
presencia divina no es un acontecimiento aislado o una visión única
a ser venerada y recordada, sino una emanación de amor que es una
vertiente constante llegando a la vida. No puede ser capturada ni tomada
como un icono, necesita ser completamente encarnada y vivida. Nosotros
somos parte de la sustancia viviente de Dios que está en constante
movimiento que al mismo tiempo se revela a Si mismo una y otra vez, “nunca
dos veces del mismo modo.” Cada momento es completo y cada momento
es parte de la continua emanación de la vida.
Una vez que despertemos a la presencia de Dios, nos encontraremos en un
mundo muy diferente. Cuando reconectemos el planeta con su naturaleza
divina, podrá revivir en modos que están ocultos [actualmente]
o que han sido reprimidos. El mundo físico no es tan sólo
materia muerta sino un organismo centrífugo de luz, lleno de magia
y de potencial velado. Hay fuerzas en la creación esperando ser
activadas que pueden sanar y transformar al mundo y a nosotros mismos.
En el pasado, algunas de estas fuerzas eran conocidas por los chamanes
y los curanderos. Gran parte del trabajo curativo del futuro será
aprender a trabajar con esas energías, tanto a nivel individual
como a nivel global. Aprenderemos nuevas técnicas que unirán
la sabiduría del chamán y la sacerdotisa, conjuntamente
con el conocimiento del médico y el científico.
Existen muchos niveles diferentes de realidad y distintas dimensiones
de conciencia: del mundo físico al mundo arquetípico de
los símbolos, desde la conciencia pura del Ser hasta más
allá de los planos “increados”, de la inexistencia.
En la era previa el camino de ascenso espiritual llevó al buscador
desde el mundo físico de los sentidos a los planos más elevados
de la realidad. Sin embargo, en el círculo de divina unidad infinita
todo está presente, no hay arriba ni abajo, no hay ascenso ni descenso.
Estas son imágenes del milenio que pasó. Todos los niveles
de realidad se interpenetran, y el nivel “más elevado”
está presente en cada uno de nosotros. El alma impregna el cuerpo
de pies a cabeza. Cada célula está saturada de Su esencia.
Y entre las partículas de la creación se encuentra el vacío
infinito, que como sugieren las recientes investigaciones realizadas por
la física moderna, está lleno de energía oscura.
Los místicos conocen los secretos de la inexistencia, de la Nada.
La conciencia unitiva no sólo abarca el mundo físico y la
interrelación de la red de la vida, también reunirá
los diferentes niveles de realidad que en esta última era se mantuvieron
separados. Nuestra cultura occidental tiene sus raíces en la tradición
presocrática de Parménides y Empédocles, sin embargo,
hemos borrado sistemáticamente de nuestra memoria el hecho de que
estos seres eran místicos y magos con acceso directo a los mundos
internos. Así mismo, también hemos olvidado como trabajar
con el mundo simbólico, sabiduría que como redescubriera
Carl Jung, se mantuvo viva por muchos siglos en la tradición alquímica.
Necesitamos recobrar el conocimiento sobre el modo de trabajar con los
mundos interiores, para que la sabiduría y la energía que
se hallan en nuestro interior puedan conectarse con el mundo externo y
una vez más podamos ser alimentados por la fuente de la vida y
el significado que llegan del alma.
Reaprender el lenguaje del mundo interno significará recuperar
el respeto por las fuerzas que sirven de base a la existencia. En el pasado
se dio el nombre de dioses y diosas a estos poderes básicos de
la vida. Tendremos que reconocer el dolor que les hemos causado con nuestro
descuido y abuso, y como nuestro afán de materialismo ha contaminado
no solo el mundo físico, sino que también ha profanado el
mundo interno del alma. Externa e internamente, hemos creado una tierra
desolada y baldía, y hemos arrancado el significado sagrado de
la vida. A medida que despertemos a la nueva conciencia que se está
ofreciendo, tendremos que aceptar responsabilidad por nuestras acciones
y nuestra negligencia.
Cuando los mundos comiencen a fluir juntos, cuando los mundos interior
y exterior se unan en nuestra conciencia y en nuestras vidas, algo nuevo
podrá venir a la existencia. Es el ser del futuro, nacido de este
“conjuntio” o conjunción. Es ambos masculino y femenino,
externo e interno, de arriba y de abajo, espíritu y materia. Está
dentro y más allá de cada uno de nosotros al mismo tiempo.
Este ser nuevo conoce los secretos de la materia y la majestuosidad de
la luz sobre luz.
EL TRABAJO CON LA LUZ
Estos son solo esbozos de lo que podría venir. Pero algo más
importante aún está sucediendo, algo que necesita de nuestra
atención y participación. El mundo está despertando
de un modo que no ha sucedido por muchos miles de años. Una luz
en el centro de la creación está despertando y se está
comunicando con la luz que se encuentra en la humanidad. Del mismo modo
que nos hemos olvidado que el mundo pertenece a Dios, hemos olvidado que
es un ser espiritual viviente y que como todo individuo puede despertar
espiritualmente. Hubo un período, hace muchos años, cuando
el mundo estaba despierto y la humanidad se nutría directamente
de la Fuente. A veces se llama a este período la Era Dorada.
¿Qué significa que el mundo pudiera despertar, y cómo
podemos ayudar en este proceso? El conocimiento esotérico siempre
ha sabido sobre diferentes niveles de conciencia en los seres humanos
y ha desarrollado prácticas para ayudarnos a evolucionar y despertar
en esos niveles más “elevados.” El despertar de un
individuo en el plano del Ser, el conocimiento directo de unidad infinita,
del amor, y de la conciencia pura, es el objetivo espiritual de muchas
prácticas espirituales. Pero el modo en que el planeta funciona
como un ser espiritual viviente es menos conocida -- este conocimiento
tradicionalmente pertenece a la jerarquía espiritual, a los maestros
de sabiduría (conocidos en la tradición sufí como
los “awiliya” o amigos de Dios) y sus ayudantes. Por miles
de años su trabajo ha sido cuidar el bienestar espiritual del planeta,
alineándolo con las energías que pueden ayudar a su evolución
y protegerlo de fuerzas negativas que puedan ser demasiado destructivas.
Ellos han estado "manteniendo vigilancia en el mundo y por el mundo"
trabajado principalmente desde los planos internos, velados, ocultos,
para poder continuar con su trabajo en paz y sin interrupciones.
Si bien el trabajo del despertar espiritual del planeta fue preparado
por estos maestros, esta labor también requiere de la participación
de la conciencia del individuo. Los maestros no pueden hacer este trabajo
solos porque es importante que la conciencia humana tome responsabilidad
y participe en esta próxima etapa de la evolución global.
El trabajo de los maestros ha sido el de crear una red de amor y luz alrededor
del mundo para que actúe como un recipiente que contenga este cambio
global de conciencia. Ellos han estado conectando individuos y grupos
que tienen la capacidad y la buena voluntad de participar en este trabajo.
La primer parte de su trabajo está completo, y el próximo
estadio será infundir dentro del cuerpo espiritual de la Tierra
la energía necesaria para efectuar el cambio. De mismo modo que
sucede con la transformación del individuo, cualquier cambio fundamental
de conciencia requiere de la Gracia o energía de una dimensión
a la que no se puede acceder directamente desde el nivel de conciencia
anterior. En el camino individual esta es una de las razones de la transmisión
espiritual que da el maestro al discípulo: el guía espiritual
transmite al individuo la energía que este necesita para realizar
un cambio fundamental de conciencia. A nivel global, los maestros tienen
acceso a la energía que es necesaria para el despertar del planeta
y su trabajo es traer esa energía al corazón del mundo.
La red de luz que ellos han creado alrededor del planeta puede ayudar
en este proceso pero también necesita de la participación
de individuos, que sean receptivos a este acto de servicio espiritual.
Parte del anteproyecto para el futuro del planeta, es que su creación
y la energía que se entrega corresponde a la nota esencial de la
era. Si la próxima ha de tratarse de una humanidad tomando responsabilidad
por el planeta, entonces esa humanidad debe ser capaz de participar directamente
en esta etapa del despertar. Un trabajo que se realizaba en secreto y
era accesible tan sólo a los iniciados se ha hecho ahora posible
para todo aquel que desee participar. Esto es parte de la naturaleza de
la unicidad global: todos pueden participar. Por supuesto que mucha gente
no está interesada en el servicio espiritual: y aún muchos
buscadores sinceros están demasiado enfocados en su propio camino
espiritual como para abrirse a esta dimensión global de servicio.
Sin embargo, todo aquel que sinceramente se sienta atraído a servir
al Todo en este tiempo de transición tiene la posibilidad de participar,
de que su luz interior trabaje con la luz del Todo mientras esta viene
a la existencia en el mundo.
¿Cómo puede el individuo participar directamente con la
luz del Todo? Por medio de la relación de microcosmos a macrocosmos.
La posición central del individuo como microcosmos del Todo, como
microcosmos de la totalidad de la creación, puede encontrarse tanto
en la alquimia como en el sufismo y otras tradiciones esotéricas.
El misterio de esta relación revela como el individuo puede relacionarse
directamente con el Todo sin necesidad de intermediarios, sin organizaciones
ni jerarquías. La luz y las energías que existen dentro
del individuo y del planeta están conectadas directamente y pueden
resonar entre sí –del individuo al Todo, desde uno al Uno.
Nosotros no somos una especie separada de la Vida sino una parte del Todo
orgánico de la misma y la luz de nuestra conciencia pertenece a
la vida -- y ella la necesita para su supervivencia y trasformación.
Cuando entregamos nuestra luz a la luz del mundo, nosotros establecemos
una conexión de luz a luz que ayuda al planeta en su dinámico
proceso de cambio. Y cada uno de nosotros tiene una parte única
que actuar, una contribución que sólo nuestra luz individual
puede hacer. Esto es parte del secreto de la unicidad y su dinámica
de revelación. Toda las cosas se interrelacionan y comunican de
acuerdo a su verdadera naturaleza como parte de la red viviente de la
vida.
Mediante la relación de la conciencia individual con la luz del
Todo, es posible crear una nueva estructura orgánica de conciencia
que contendrá la luz de la conciencia global que se necesita para
la nueva era. Una vez que experimentemos la realidad de la unidad, llegaremos
a comprender que nuestra conciencia es parte de la conciencia del mundo
y un factor determinante en la evolución del planeta. Esta es la
verdadera naturaleza de la co-creación, el participar directamente
con las cambiantes pautas de vida. Por medio de la interacción
de la conciencia humana, la vida puede crear nuevas expresiones, nuevas
formas de ser. Y con nuestra propia luz podemos dar la bienvenida a la
luz del mundo que vuelve a la creación. La relación de la
luz del individuo con la luz del Todo es fundamental para el despertar
del mundo.
La vida siempre le ha presentado desafíos a la humanidad para ayudarnos
a evolucionar y crecer. Sin embargo, en cada nueva etapa sentimos reticencia
a “encarar el misterio de lo nuevo” y en cambio preferimos
quedarnos con las actitudes y los condicionamientos que pertenecen a la
era previa. Pero una nueva forma de vida esta esperando llegar a la existencia
y necesita que seamos los parteros. Tan sólo necesitamos reconocer
el simple milagro de estar vivos, de ser parte de la vida, y decir “sí”
incondicionalmente a estar completamente presente en este momento de transición.
Mediante este “sí” nos abrimos a lo que la vida necesita.
Luego la vida nos podrá revelar como trabajar conjuntamente. La
Vida es una presencia espiritual viviente que conoce su propósito
divino del que somos parte.
Este es el desafío que enfrentan aquellos que están atraídos
hacia esta luz, aquellos cuyas almas desean trabajar con este despertar.
Aquí no hay guerras justificadas ni los dramas de buenos y malos.
Aquí no hay nadie ni nada que deba ser salvado ni redimido. Un
nuevo nacimiento no tiene conocimiento de tales cosas. Tan sólo
lleva la chispa primaria de la creación, el eterno sí de
la vida que llega a la existencia, y la estampa del verdadero creador.
LA CANCIÓN DEL MUNDO
¿Qué podría pasar si el planeta despertase? Esto
se asemejaría al milagro de nuestro propio despertar. Por muchos
años se nos pudimos haber experimentado algún destello del
poder del corazón, de la sabiduría y del amor que habita
dentro de nosotros. Trabajamos para purificarnos, para contribuir al servicio
de la vida y el amor. Y un día, notamos que algo está naciendo
en nosotros. Nuestro corazón despierta y experimentamos un gran
poder y un conocimiento más allá de nosotros mismos. Este
es el potencial de este momento del planeta. El alma de nuestro planeta
puede despertar y toda la humanidad puede llegar a conocer su verdadera
naturaleza.
Nosotros conocemos el modo en que nuestro despertar nos libera de muchas
conductas que nos restringen y niegan nuestra naturaleza divina: como
en la luz de nuestro ser verdadero muchos de los problemas que consumen
nuestra energía desaparecen o se disuelven como la bruma en la
mañana soleada. A pesar de que la vida nos presenta dificultades
y desafíos, ella no es un problema, sino que es un ser espiritual
viviente hecho a la imagen de Dios. Cuando reconozcamos su naturaleza
divina no como un ideal espiritual sino como una simple presencia que
es parte de nuestra existencia cotidiana, encontraremos que una vez más
podemos experimentar el simple asombro y alegría que pertenecen
a la vida.
Cuando trabajemos con la vida como un divino Todo viviente, veremos las
respuestas de autosustento simples que ella tiene. Y recibiremos nuevas
energías para trabajar con la vida, energías que están
veladas en este momento dentro de la creación pero que también
están esperando llegar a la existencia. Y algo más estará
presente, algo que hemos olvidado por mucho tiempo, por miles de años.
Dentro de la creación existe una canción, un canto que le
pertenece a la vida y que cuenta de su velado propósito; los sufíes
lo llaman: el secreto de la palabra “Kun!” (¡Ser!).
Viendo la vida a través de los ojos del ego, nosotros percibimos
únicamente una pequeña fracción de lo que significa
estar vivo. Pero en el canto de la vida se puede escuchar su verdadero
milagro y significado. Ser los guardianes del planeta, dar un paso hacia
nuestro verdadero rol de responsabilidad global, nos abrirá a esta
música, a este misterio manifestado.
El reconocimiento de unicidad global ha comenzado a manifestarse. La idea
de la unidad infinita de la vida, de que “somos uno,” ya no
pertenece solamente a la franja espiritual o ecológica sino que
está empezando a formar parte de la corriente general de pensamiento.
Pero este conocimiento carece de un ingrediente esencial -- todavía
es una idea, no está totalmente vivo. Cuando despierte, el corazón
del mundo se abrirá y escucharemos la canción de la divina
unicidad infinita de la vida.
El mundo debe despertar de su sueño de olvido -- ya no puede continuar
olvidando su divinidad. Más que la contaminación, este olvido
es lo que está matando la Tierra. Colectivamente estamos muriendo
-- hemos olvidado nuestro propósito y la forma viviente que ha
olvidado su razón de ser no puede sobrevivir, la razón fundamental
de su existencia se diluye. El despertar del corazón del mundo
puede redimir lo que ha sido profanando, sanar lo que ha sido lastimado,
purificar lo que ha sido contaminado. El canto del mundo nos recordará
a todos porque estamos aquí y la totalidad de la vida se regocijará.
© 2005 The Golden Sufi Center
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