 |
The Golden Sufi Center
Sobre el Golden Sufi Center
Credo y Ética del Sendero Naqshbandi
Los once Principios
Artículos y Entrevistas
Novedades
Libros
Audio: casetes, CD, descarga de conferencias
Video/DVD
Eventos
Contáctenos
Subscríbase al correo de e-mail
Donaciones
Librería online/órdenes de compra
Libros y Artículos con descuentos
Versión en inglés/English
versión
Versión en alemán/Deutsch
auf
Links de intereses
The Golden Sufi Center
P.O. Box 428
Inverness, CA 94937-0428, USA
tel: 001-415-663-8773
fax: 001-415-663-9128
email: info@goldensufi.org
Todos los contenidos de esta página © The
Golden Sufi Center
|
 |
 |
Una entrevista con Llewellyn Vaughan-Lee
Por Tami Simon, del catálogo de Sounds True--verano 1998
ST:
Por muchos años tú has vivido como sufí y has escrito
un número de libros sobre sufismo. Sé que, técnicamente,
sufismo es la rama mística del Islam, sin embargo tú lo
describes como un sendero de amor universal. ¿Qué significa
para ti ser un sufí?
LV: Esta es una pregunta difícil--originalmente
los sufíes eran conocidos como “caminantes” o “viajeros
del sendero místico”. Más tarde, estos místicos,
o amantes de Dios, como también se los llamaba, vinieron a conocerse
con el nombre de sufíes. Los sufíes siguen un camino místico
en el cual la relación con Dios es aquella de amante y Amado. Dicho
simplemente, los sufíes son amantes espirituales, amantes de Dios.
ST: Mucha gente
piensa en los derviches danzantes de Rumi cuando uno menciona el sufismo.
Pero esta es una tradición muy antigua con varias ramas.
LV: Es verdad. Yo pertenezco a una
orden conocida como los “sufíes silenciosos”, la cual
se llama así en honor al sufí del siglo XIV, Baha ad-din
Naqshband. Él enseñó que Dios es silencioso y que
se puede llegar a Él más fácilmente callado. Se nos
llama los sufíes silenciosos porque nuestras prácticas espirituales
se realizan en silencio. Practicamos la meditación silenciosa del
corazón, y un dhikr silencioso que consiste en la repetición
del nombre de Dios. Nuestro sendero espiritual también incorpora
psicología, y desde siempre hemos estudiado los sueños,
de hecho nuestro fundador era un renombrado interpretador de sueños.
Además, nosotros no nos vestimos diferentes del resto de la gente--nos
mezclamos con el mundo y /contribuimos a la sociedad en que vivimos. Nadie
sabe, mirando desde afuera, si eres un sufí silencioso o no. Observamos
muy pocas formas externas. Más bien, focalizamos nuestra atención
en lo que sucede dentro del ser humano, en el corazón del caminante
espiritual.
ST: ¿Cuáles
son las prácticas devocionales específicas de los sufíes
silenciosos?
LV: Ya mencioné nuestras dos
prácticas. Una es el dhikr silencioso, que es la repetición
del nombre de Dios, “Allah o Alá”. Cuando practicamos
el dhikr no sólo estamos repitiendo una palabra. Estamos buscando
recordar a Dios en cada respiración. El místico Kabir decía,
“el aliento que no repite el nombre de Dios es una respiración
perdida”. Nuestra otra práctica es la meditación silenciosa
del corazón. En esta meditación usamos la energía
del amor para frenar el flujo de la mente. Nos sumergimos en el sentimiento
de amor en el corazón, hasta que la mente y sus pensamientos se
disuelven, se ahogan, en el amor. El primer estadio de esta meditación
se llama dhyana, un estado de inconsciencia que podría parecer
como de dormir, en el que la mente individual se fusiona con la mente
universal. Más tarde, uno despierta en un plano diferente de conciencia:
estos son los estados del samadhi. Por supuesto que este en un proceso
gradual que toma muchos años. Pero el primer paso es suspender
el proceso de pensamiento.
ST: Mencionaste
que la senda de los sufíes silenciosos es una vía muy psicológica.
Y en la serie de audio-casetes has dado una charla interesante sobre “El
propósito de los problemas”. Desde el punto de vista del
sufismo, ¿cuál es la finalidad de que tengamos problemas?
LV: El sufí dice que estamos
aquí en el mundo para aprender algo. Atraemos los problemas hacia
nosotros para aprender algo de ellos. Una diferencia si quieres, entre
el individuo que está en un sendero espiritual y la persona que
no lo está, es la voluntad, al encontrarse con el problema, de
preguntarse: ¿Por qué atraje esta situación? ¿Qué
está tratando de enseñarme? La mayoría de los seres
humanos solamente aprenden a través del sufrimiento. Cuando uno
está pasando una temporada muy buena, te diviertes. Pero cuando
sufres, te relacionas con la vida de una forma distinta, más profunda
e intensa. Esta puede ser una buena oportunidad para ir por debajo de
la superficie de la vida y aprender realmente algo sobre uno mismo. Cuando
estás sufriendo y buscas descubrir el propósito de tus problemas,
dejas de ser una víctima de la desgracia. Te das cuenta que estás
aquí para aprender. Y mientras mucha gente ve sus vidas en término
de logros y fracasos, el místico, el viajero espiritual sabe que
hay cuestiones mucho más profundas que están en juego que
lo que está en la superficie. Y a menudo el fracaso puede enseñarnos
más sobre nosotros mismos que nuestros logros.
ST: Central
en la práctica del sufismo es el concepto de “el anhelo del
corazón”. Por favor, cuéntanos sobre el rol que juega
el anhelo en la vida espiritual del sufí.
LV: El gran poeta sufí Rumi
dijo: “Le lloraré, y Le lloraré y Le lloraré
hasta que la leche de Su bondad hierva”. Él está expresando
lo que es más valioso para un sufí: el anhelo por Dios.
El sufí sabe que el anhelo nos brinda el camino más directo
hacia nuestro Amado, hacia Dios. Profundamente en el corazón, se
encuentra el dolor primordial del anhelo, el llanto del alma separada
de su fuente. Es un dolor que llega como una memoria de cuando estábamos
junto a Dios, lo que el sufí llama “la dulzura que existía
antes de la miel o la abeja”. En algunos momentos especiales en
nuestra vida recibimos una muestra de esta unión, un sorbo de recuerdo
divino. Es tan increíblemente dulce e intoxicante que despierta
el conocimiento hasta entonces latente en el alma de estar junto a Dios.
Entonces, la pasión del corazón comienza a abrasar como
un dolor en el corazón, y despierta el anhelo. En todo romance,
tú ansías aquel a quien amas. Esperas que suene el teléfono,
que llegue una carta. Esperas que tu amante vuelva al hogar. En el romance
con Dios es lo mismo, pero amplificado. Tú anhelas y esperas. Esperas
por el instante en que el Amado sorpresivamente llegue a tu corazón,
el momento cuando sientas la caricia gentil de tu Amado.
ST: ¿Crees
que toda la gente tiene este anhelo por Dios?
LV: Déjame comenzar diciendo
que yo creo que este anhelo es el dolor más profundo, más
recóndito e insondable que existe en un ser humano, porque es el
dolor de la separación del alma de Dios. Y a pesar que ellos no
lo sepan, aquellos que buscan la intimidad con otros están reaccionando
ante este anhelo. Creen que otro ser humano los podrá satisfacer,
responder a su necesidad. ¿Pero cuántos de nosotros se han
sentido totalmente satisfechos por otra persona? Tal vez por un tiempo,
pero no para siempre. Nosotros queremos algo más satisfactorio,
más íntimo. Queremos a Dios. Y esto les pasa a todos. Pero
no todos se animan a lanzarse a este abismo de dolor, el anhelo, que puede
llevarte ahí.
ST: Muchas
tradiciones espirituales ponen el énfasis no tanto en el dolor
de lo que falta, sino en lograr una sensación de totalidad, de
integración. Bajo esta luz, ¿cómo puedes explicar
el énfasis del sufismo en abrirse al dolor del anhelo?
LV: Nuevamente vuelvo al aspecto central
del sufismo, el cual trata del romance con Dios, en el que uno quiere
estar con su Amado, uno desea unirse con Dios. Es tan simple, tan primario…Este
es un sendero para aquellos que no están buscando únicamente
la totalidad o la integración, es para aquellos que no tratan de
escapar del sufrimiento y del dolor. Esta es una senda para gente que
está interesada solamente en el romance con su Amado divino. Y
cuando el amor te abre y te lleva hacia las profundidades de tu propio
corazón, puede llegar a ser muy doloroso.
ST: Por
favor explícanos el concepto sufí de “faná”
o disolución del ego.
LV: Faná es uno de los fundamentos
del sendero sufí, y está en el dicho atribuido al profeta
Mohammad, Mahoma, “morir antes de que llegue la muerte”. Mira,
la mayoría de la gente espera hasta que se mueran físicamente
para volver a Dios. Pero los sufíes, llevados por la nostalgia
de volver al hogar, quieren experimentar el volver a Dios en forma consciente,
en esta vida. Y para ello, tú tienes que ir más allá
de tu ego. Y ese es el significado de morir antes que nos llegue la muerte.
Faná trata de la muerte del ego. Un gran sufí dijo: “Entre
Tú y yo hay un ‘yo’. ¡Oh Dios, por misericordia,
saca este ‘yo’ de entre nosotros dos!”. Lo que debe
sucumbir es el “yo” que nos separa de Dios. Es una parte difícil
y dolorosa del camino, porque requiere que nos entreguemos totalmente
al amor. Faná es un proceso largo y lento--toma tiempo que
el ego se rinda, se salga a un costado, se disuelva.
ST:¿Cómo
se relaciona el título de tu serie de aprendizaje por audio-casetes,
“Love is a Fire and I am Wood” (El amor es el fuego y yo soy
la madera) con el proceso de faná?
LV: El sufí dice: “Dos
no pueden vivir en un solo corazón. O se va el ego o se va el Amado”.
Y si el Bienamado ha de vivir en tu corazón, has de ser escaldado.
Necesitas ser la madera que se consume en el fuego del amor divino. A
través de la meditación, la plegaria y la aspiración,
el sufí se entrega al fuego del amor divino, sabiendo que uno de
los modos más rápidos de alcanzar al Bienamado es mediante
el fuego del amor. Este no es únicamente un fuego metafísico.
Puedes sentirlo dentro de ti--tu anhelo por Dios se transforma en
un fuego penoso dentro de tu corazón. Y finalmente, sólo
el amor a Dios quedará. Entonces, comprenderás uno de los
más grandes secretos del camino místico, que el ansia despierta
dentro de tu corazón es de hecho el anhelo de Dios por ti. Rumi
resumió su vida en pocas palabras, “y el resultado no es
más que estas tres palabras: “ardí, ardí y
ardí”.
ST: Has
hablado sobre el dolor asociado con esta gran ansia en el sufismo. Pareciera
paradójico que el caminante espiritual debiera dar la bienvenida
al dolor, a este sentimiento de anhelo.
LV: Uno de los grandes sufíes,
Ibn ‘Arabi, oraba esta plegaria: “Oh Señor, aliméntame
no con amor sino con el deseo de amor”. Mientras que otro sufí
rezaba: “Dame el dolor del amor, el dolor del amor, no la felicidad
del amor, el dolor del amor, y yo te pagaré cualquier precio que
me pidas”. El sufí sabe que el padecimiento por amor es lo
que nos llevará de vuelta a nuestro hogar. El sufrimiento que causa
este amor sobrepasa la mente; puede prescindir de muchos problemas psicológicos.
El anhelo puro de Dios es impreso por Él en el corazón del
ser humano. Y a causa de este penar, el fuego dentro del corazón
se enciende, y es tan preciado que tú ruegas que se encienda aún
más fuerte.
ST:¿Cómo
te lleva este anhelo de vuelta a Dios? ¿Cómo te lleva a
la unión con Dios?
LV: Rumi dice: “No busques agua,
permanece sediento”. Tu sed atrae a Dios porque tu anhelo por Dios
es Su anhelo por ti. Es el camino más directo de volver a Dios
porque es la atracción magnética del alma a su Fuente. Como
a la polilla le atraen las llamas, nosotros somos atraídos a Dios
por el fuego del anhelo. Cuanto más brillante el fuego, más
fuerte el ansia. Y esto nos purifica. Te va calcinando hasta que no queda
más nada en tu corazón que Dios.
Entrevista publicada con el amable permiso de SOUNDS TRUE. Si desea un
catálogo gratuito de SOUNDS TRUE con más de 300 audios y
video casetes transformativos, por favor contacte con/a Sounds True en
el teléfono 1-800-333-9185, o visite su página de Internet
http://www.SoundsTrue.com
|