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Llewellyn Vaughan-Lee
Siendo Polvo a sus Pies
La relación con un maestro o guía espiritual es uno de los
secretos esotéricos más grandes de la humanidad. Cada peregrino
en el sendero espiritual hace su propia travesía en la cual la
esencia de esta relación lentamente se va revelando a medida que
regresamos al Hogar. En mi propio camino, esta historia tuvo una dinámica
inusual porque yo nunca conocí a mi sheikh en su aspecto físico.
Llegué a conocerlo a través de Irina Tweedie quien trajo
su tradición de Sufismo de la India a Occidente luego de la muerte
de Bhai Sahib en 1966. Cuando yo tenía diecinueve años,
conocí a la Señora Tweedie e inmediatamente sentí
que estaba en la presencia de algo que había estado ausente durante
toda mi vida. En sus ojos azules yo supe que ella “sabía”,
que ella tenía acceso a lo que es Real. Sentado en meditación,
en el pequeño cuarto de Irina Tweedie al lado de las vías
del tren en el Norte de Londres, mi vida comenzó a adquirir sentido.
Por muchos años yo pensé que ella era mi maestra, hasta
que ella me explicó que yo pertenecía a mi sheikh, Bhai
Sahib. También me contó, que cuando llegué por primera
vez al grupo, ella recibió un mensaje de Bhai Sahib durante meditación
en el cual él le dijo que me dejase solo. Que él me cuidaría.
Fui entrenado por mi sheikh en la antigua escuela de “poner a prueba
y amar”mediante el cual el discípulo llega a ser “aún
menos que el polvo, a los pies del maestro.” Hubo un período
de dos años, cuando yo tenía veinte, en que él no
me dejaba dormir por más de tres horas por noche. Con el simple
método de agotamiento, destruyó todas mis conductas de resistencia
y arrogancia espiritual. En otra oportunidad, meses más tarde,
me indujo las horas más intensas de toda mi vida. Aquella tarde
de verano, tuve que soportar el sufrimiento más profundo de mi
ser. El sufrimiento continuó aumentando hasta que en un instante
de revelación, él me hizo conciente en el nivel del alma.
Gradualmente, durante los años que siguieron, yo comencé
a darme cuenta de la profundidad de mi pertenencia hacia él, y
del conocimiento de que yo estoy aquí para servirle, que he sido
entrenado para obedecer su mandato. Él me guió con compasión
y severidad. Una vez, cuando mis hijos eran pequeños y yo me la
pasaba todo el día atrás de ellos arreglando las cosas que
ellos desordenaban, su suave voz llegó diciendo, “no necesitas
limpiar todo el día!” Mientras que en otra instancia, cuando
sufría agudamente de la energía kundalini, La Sra. Tweedie
le preguntó a Bhai Sahib si podía ayudarme, y su respuesta
fue simple y directa, “él puede soportarlo.”
La relación con mi sheikh es de total subordinación y amor.
Es un reconocimiento de que nada importa en este mundo, excepto agradarle
y hacer su trabajo. Cuando conocí a la señora Tweedie y
sentí la invisible presencia de mi sheikh, yo comprendí,
con un saber que no tenía ninguna lógica externa, que yo
tenía que hacer todo lo que se me pidiese, y percibí que
esa marca de autoridad interna pertenecía a un entrenamiento espiritual
en el cual el discípulo se pone completamente en las manos de su
sheikh. Y es por medio de este compromiso que también recibimos
el alimento que necesitamos. Cuando tenía treinta y seis años,
me enviaron a América a dar conferencias en sufismo, y a pesar
de que nunca antes había dado conferencias anteriormente, en una
visión recibí un simple mensaje, “la gracia de tu
gurú está en tu corazón. Esto es todo lo que necesitas
saber.”
Aprendí a reconocer a Bhai Sahib como a una presencia interior,
como a alguien a quien podía acudir en meditación y oración,
cuya ayuda estaría presente cuando más lo necesitase. Sin
embargo, por muchos años me pareció que él me dejaba
sólo para que confrontase mis dificultades y para que cometiera
errores. Experimenté la desolación del vacío y la
desesperación cuando nuestra conexión se velaba y no podía
acceder a ella, y también sentí la angustia de pensar que
le había fallado cuando sentí que había errado. Pero
he llegado a comprender, que esta relación es esa fibra de amor
que este mundo no puede romper porque está hecha de una substancia
diferente que es más fuerte que todas las dificultades de este
mundo. Pertenece a el antiguo secreto de amor y devoción, un pertenecer
tan primario que existe desde antes de la creación misma. Es parte
de la substancia del alma y da significado a cada instante de cada día.
Sostenido por este hilo de amor conectado de corazón a corazón,
recibí un amor que es tan completo que cada célula de mi
cuerpo se sintió satisfecha, conocí la felicidad del alma.
Fui llevado del mundo de la dualidad al mundo de la unicidad del corazón,
y más allá, a las dimensiones increadas, donde está
el vacío, verdadero hogar del místico. Se me mostraron los
innumerables espacios interiores donde nace el amor y la cualidad de conciencia
que pertenece a “la luz sobre la luz”. Como en la antigua
tradición, yo fui destruido y reconstruido, para poder servir bien
a mi sheik y a mi Amado. Cuando llegué al sendero espiritual, yo
era tan sólo un joven arrogante de diecinueve años que había
tenido algunas experiencias en meditación y que creía que
sabía sobre la vida espiritual. Pero sin saberlo, fui llevado de
la mano de un gran maestro que me enseñó humildad y la simplicidad
del servicio verdadero. Él abrió mi corazón y me
despertó a la realidad unitiva de la totalidad de la vida. Y me
guió con humor, paciencia y amor, conociendo mis faltas y aceptándome.
Mediante esta relación, llegué a conocer el increíble
poder que pertenece a Dios y a aquellos que le sirven. En nuestra vida
externa, a menudo estamos rodeados de juegos de poder que se manifiestan
en la familia y en el trabajo, y también vemos estas dinámicas
corruptas desarrollándose en el mundo. Pero en la relación
con un maestro real, con uno que está fusionado en el Absoluto,
con aquel que es Uno con Dios, hay una energía que tiene una magnitud
totalmente diferente. Es un poder que pertenece al Creador y no a la creación,
que no quiere nada para sí sino que tan sólo es.
Esta fuerza se ha mantenido oculta del mundo por muchos siglos. Cuando
estando en presencia de mi sheikh, experimento esta energía dentro
de mí, todo mi ser tiembla y se postra humildemente. A veces, mientras
escucho a la gente hablar de juegos de poder con maestros espirituales
algo en mí se ríe sin parar, porque yo sé que ellos
no conocen lo que es el verdadero poder espiritual. El discípulo
no puede oponerse o dudar ante tal energía pura. La única
respuesta posible es total admiración y asombro.
Cada uno de nosotros podría contar mil historias sobre la relación
con nuestro maestro o guía espiritual. Algunas de estas historias
son dolorosas, algunas humillantes y otras son muy graciosas. Además,
también se da el drama de la proyección de imágenes
y fantasías de nuestra personalidad hacia el maestro. Intentamos
colocar a nuestro guía espiritual dentro de la esfera de nuestra
psique a menudo creando dificultades que nos producen sufrimiento, y con
suerte, también nos hacen aprender. Y luego están aquellos
momentos tan preciados cuando a través de la Gracia del gurú
recibimos el conocimiento de la naturaleza de la divinidad, tanto dentro
nuestro como en la vida, y entonces vislumbramos el milagro de lo Real.
A causa de que nunca conocí a mi sheikh en cuerpo físico,
es que escapé de los innumerables problemas de proyección
que veo a otros padecer. Yo nunca traté de limitar su amor con
las demandas de mi psique, con mi necesidad de amor, de aceptación
y rechazo. Y sin embargo, al mismo tiempo me doy cuenta que la proyección
es parte de la revelación del alma, es la parte del camino espiritual
en que nos acercamos al amor real que está en el centro de nuestro
ser. Llegamos a reconocer que el amor del maestro hacia nosotros era completo
desde el comienzo, que era la única verdad en este mundo de ilusiones.
Un maestro verdadero le permite al discípulo que cree todos los
dramas que quiera y que siga los caminos de su imaginación, porque
él sabe que el amor real que se da de corazón a corazón
se hará sentir independientemente de los obstáculos que
el discípulo ponga en su camino.
Este amor es un vínculo de pertenencia que nosotros traemos al
mundo. Después de todas las dificultades, de la perseverancia y
la felicidad que pertenecen al sendero espiritual, el vínculo permanece,
es un eje con lo Real, no una idea abstracta sino una realidad tangible.
El comienzo de la travesía espiritual es el despertar a este núcleo
de amor, y el viaje lo hace realidad en el mundo hasta que un día
uno se da cuenta que está siempre presente. A través de
los años descubrí que la conexión con mi sheikh tiene
una cualidad de pertenencia que es total y absoluta, en la cual yo lo
daría todo una y otra vez. Y tiene también una cualidad
de completa libertad donde uno únicamente se postra ante Dios.
Mi sheikh decía que la única relación de amor verdadero
que existe en este mundo se da entre guía espiritual y discípulo.
Todas las otras formas de amor son tan sólo una ilusión.
El amor entre maestro y discípulo está estampado con el
nombre de Dios, y es el mismo nombre que está inscrito en el corazón
del discípulo. Recibimos este amor al comienzo del viaje espiritual.
Sin él, no podría haber camino, ni estaciones en el viaje
del alma, ni despertar. Esta cualidad de amor trae a la luz lo que es
real en nuestro corazón, y nos lleva más allá del
mundo de las apariencias hacia el jardín de nuestro sheikh. Allí,
descubrimos la dulce fragancia que estuvo siempre presente, la fragancia
de un alma que pertenece a Dios. Y, como en las palabras del poema persa,
si la gente nos pregunta, “¿por qué hueles tan fragante?”
podremos responderles,
Soy un tan sólo una pizca de polvo que la gente pisotea,
pero absorbo esta fragancia del jardín de un Santo.
... Y todo se lo debo a Sus Pies de Loto.
© 2003 The Golden Sufi Center
Este escrito fue incluido en el libro de Lee Lozowick, “Gasping
for Air in a Vacuum” publicado en otoño del 2004.
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