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Llewellyn Vaughan-Lee
Uniendo el Mundo Interior con el Mundo Exterior
La Responsabilidad Espiritual en Tiempo de Crisis Global
Oscuras nubes se están congregando. Poderosas fuerzas se están
constelando en los mundos externo e interno. Estamos siendo testigos de
preparativos de guerra y de la acción del terrorismo. Los medios
de comunicación están saturados de actos de violencia y
del clamor de los tambores de guerra de los políticos. Muchas personas
sueñan con imágenes de bombas cayendo y con una sensación
de que lo sagrado está siendo profanado. Parecería que nos
estamos embarcando en un nuevo ciclo de violencia que llama a las armas
bajo un tema: destrucción masiva.
¿Cuál es nuestra responsabilidad en este tiempo
de crisis globlal? ¿Cómo podemos constelar paz en medio
de fuerzas de guerra? ¿Cómo podemos traer nuestros ideales
espirituales al escenario mundial o introducir la luz de nuestros corazones
en medio de esta creciente oscuridad? Es fácil sentirse aislado
o inútil en estas situaciones, pensar que el destino del mundo
está en manos de políticos cegados por el poder o de terroristas
atrapados por ideales de martirio. Sin embargo, hay una manera en que
podemos participar. Hay una forma en que podemos traer luz a la oscuridad
y trabajar para el despertar del planeta.
En nuestro camino interior nosotros experimentamos que los
tiempos de crisis son también tiempos de oportunidad. Cuando fuerzas
poderosas se constelan, ellas llevan el potencial tanto para la transformación
como para la destrucción. Lo que es verdad en nuestro camino individual,
es también verdad para el planeta. La tremenda confrontación
de opuestos, luz y oscuridad, que están amenazando con destrucción
y que darían la impresión de que están polarizando
al mundo, corresponde a los dolores de parto de una transformación
global. Pero para que esta transformación sea exitosa se necesita
de nuestra atención. Se necesita de la participación de
aquellos que están comprometidos a servir, aquellos cuya conciencia
pueda ser alineada con algo mayor que tan sólo su propio bienestar
personal.
En todo tiempo de crisis real, nuestro trabajo es dirigir
la mirada más allá del plano de acción y reacción,
hacia donde provienen la ayuda y gracia reales. A través de nuestras
plegarias y devoción, nos alineamos con el amor y el poder divinos,
sin los cuales, somos abandonados a nuestros propios conflictos autodestructivos.
Lamentablemente, tendemos a dar lugar a la oración y a la devoción,
únicamente, dentro de nuestra esfera personal en relación
con Dios, sin reconocer la dimensión más amplia que concierne
al bienestar de la Totalidad. Sin embargo, hemos podido apreciar el inmenso
poder de la plegaria en el contexto mundial. Después de la tragedia
del 11 de setiembre tuvimos la experiencia tangible de personas de todo
el mundo orando, trabajando para mantener un espacio de amor y recuerdo
de Dios de modo que la energía de la divinidad pudiese ayudar a
reparar la trama de vida que había sido brutalmente desgarrada
por los actos de violencia. Ese momento global de recuerdo de Dios a través
de la plegaria no duró mucho pero apuntó a lo que es posible
cuando dirigimos nuestra atención hacia una totalidad más
abarcante.
Sólo Dios puede sanar y transformar el mundo. Las
fuerzas antagónicas en el planeta están demasiado poderosamente
consteladas como para que nosotros podamos hacer algo por nuestros propios
medios. Pero Dios necesita de nuestra participación, nosotros somos
los guardianes del planeta. Trabajando juntos con el poder y el amor de
la Divinidad, podemos ayudar a transformar este momento de crisis en un
tiempo de despertar global. ¿Y cuál es la naturaleza de
este trabajo? En nuestra cultura masculina nosotros identificamos trabajo
con “hacer” y actividad. Pero para mantener un espacio abierto
para Dios requiere de la cualidad femenina de “Ser”. A través
del simple vivir nuestra conexión interna con Dios, nosotros unimos
los mundos interno y externo.
El aspecto central de esta transformación y despertar
es la unión del mundo interior con el mundo exterior. Gran parte
de la situación actual proviene de que practicamente nos hemos
olvidado de la presencia del mundo interno, por habernos aislado demasiado
en el mundo físico externo. Sin embargo, es siempre desde el interior
desde donde provienen la gracia divina y la sanación. Aquellos
que se han comprometido con el trabajo espiritual se han vuelto hacia
sí mismos, y a través de la meditación, la oración,
el análisis de sueños, y otras prácticas, han comenzado
a reclamar el mundo interior.
Si uno mirase hacia el interior en este momento, podría
tener un vislumbre de algo maravilloso: Una red de luz y amor que ha sido
tejida alrededor del mundo. Esta red ha sido entretejida durante las últimas
dos decadas por los maestros de amor y sus ayudantes, aquellos que se
encargan de cuidar y mantener el bienestar espiritual del planeta. Este
es el receptáculo para nuestra transformación global y para
el despertar del mundo; y ahora necesita de ser traído a la conciencia.
Esta red es la interconexión de la luz espiritual de aquellos que
se han entregado en servicio a Dios. Su estructura es similar a la red
de Internet pero está hecha de luz y existe en los planos interiores.
Nosotros estamos internamente vinculados a través de esta red,
y es a través de nuestras plegarias y devociones que podemos traer
la luz de Dios a donde se necesita, tanto en el mundo exterior como en
el interior. Esta red global de luz y amor es muy poderosa; se puede oponer
a las ególatras fuerzas destructivas del mundo. Nos puede llevar
más allá del enfrentamiento de los opuestos hacia la unidad
que es la fuente de la vida.
Pero para trabajar con esta red, necesitamos darnos cuenta
que nosotros somos la conexión de amor que une los mundos
interno y externo. Llevamos el potencial para la transformación
global en nuestros propios corazones, viviendo nuestra conexión
con Dios. Necesitamos dar un paso fuera del estrecho mundo de nuestra
aspiración individual para poder reconocer esta mayor dimensión
de nuestra práctica espiritual. Dondequiera que estemos podemos
conectarnos conscientemente con esta red de luz. Cuando esto suceda, la
energía de Dios fluirá libremente desde el interior hacia
el exterior, y nuestro actual tiempo de crisis podrá transformarse
en una nueva era de conciencia global.
©2002 The Golden Sufi Center
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