The Golden Sufi Center

El abismo de fuego:
La revista Yoga and Life entrevista a Irina Tweedie
Yoga and Life, Otoño 1990, Vol. 5, No. 5

Irina Tweedie


ENTREVISTADOR: Al leer su libro y las entrevistas que le hicieron me dio la impresión que el método de enseñanza de su maestro está más ligado al yoga que al sufismo—el concepto de los chakras, la energía kundalini, el atman.

TWEEDIE: Sí. Verás, el sufismo y el yoga son una misma cosa. Son tan sólo distintas palabras, pero en la sabiduría, en esencia, no hay diferencia. Todas las enseñanzas son absolutamente idénticas. Son diferentes senderos al Uno. Nuestro maestro acostumbraba a decir: "Puedes alcanzar la cima de la montaña desde el río, desde la carretera, desde la ciudad o desde el mar, pero siempre habrá 'una sola' cima de la montaña." No tiene importancia. También está este otro dicho sufí: "Los caminos a Dios son tantos como los seres humanos, tantos como los alientos del hijo del hombre." Él nos dijo eso, era un antiguo dicho sufí y significa que no necesitas convertir a nadie. No necesitas decir 'mi' Dios es mejor que 'tú' Dios. Como [algunos dicen] en Irlanda, te mataré si no crees en mi Dios, ¡qué tontería es esa! Solo existe un [Dios] Infinito, Sin Nombre y no puedes encarcelar Lo poniéndole un nombre.


ENTREVISTADOR: Supongo también que como este es sufismo hindú, la terminología que usa tiende a provenir más del sánscrito que del árabe.

TWEEDIE: Y esto también ocurre en el libro de Idries Shah, en uno de sus últimos capítulos. Él cuenta que cuando el sufismo se expandió, se propagó por todo el Oriente Medio y el Lejano Oriente, y en aquellos territorios donde [los sufíes] se asentaron por muchos años, se asimiló la cultura del lugar. La rama Naqshbandi de sufismo ha estado en la India por muchos cientos de años, por eso usa palabras como chakras y mantras y todas esas expresiones hindúes.

No sé cómo se llaman los chakras en árabe. No hablo árabe ni tampoco lo entiendo. Verás, mi entrenamiento fue con fuego, con el fuego de la energía kundalini.

Yo fui puesta a prueba con fuego y también fui llevada al sendero del poder; y puedo iniciar. Pero tú no inicias—esta es la parte interesante. Puedo iniciar gente en este sendero del poder que es el poder de la energía kundalini—pero no damos iniciación, no funciona de ese modo. Funciona de otra manera—pero tomaría demasiado tiempo explicarlo y no creo que el público general lo entenderá—este es un sendero esotérico. Este es el sendero del poder, el sendero del poder de kundalini, el sendero del fuego.

[Como ves] mi nombre no aparece en la portada del libro, sólo aparece mi fotografía—al igual que en la edición alemana donde únicamente está mi foto, [En la tapa se lee] "Daughter of Fire" y "Diario del entrenamiento espiritual con un Maestro sufí", eso es todo. Por supuesto que cuando los libros se exponen en la biblioteca, de este otro lado, en el lomo del libro, tiene que estar mi nombre, Irina Tweedie, de lo contrario los bibliotecarios no sabrían donde encontrarlo. Pero nosotros, los sufíes, escribimos anónimamente y esta es la forma más anónima que encontré en el Occidente.



ENTREVISTADOR: Es una buena idea.

TWEEDIE: Sí, es una buena idea. No mía sino que fue idea de otro. Mira, yo estoy en conexión con mi maestro. El objetivo de todo sistema de yoga es llevar una vida guiada—¿guiada por quién o por qué? Uno se guía a sí mismo, por supuesto. Pero al final del entrenamiento, el atman—usando nuevamente la expresión hindú—el atman del discípulo, del estudiante, se une con el atman del maestro. Ahora bien, cuando mi maestro me dijo esto apenas lo conocí y yo era bastante nueva e inexperta, me pregunté de qué estaba hablando—¿¡cómo puede desaparecer mi atman!? Porque [en realidad] nada desaparece, sólo se une, se junta, no desaparece. De modo que en este caso mi Ser Superior, mi Yo Superior, está como quien dijera—no puedo decir que está guiado por mi maestro porque el Ser es el Ser y no puede ser guiado por nadie,—sino que es parte del infinito. Pero al estar con el maestro, [mi Ser] es inspirado por él. Creo que esta es la expresión correcta.


ENTREVISTADOR: Y usted cuenta en su libro que comenzó a tener esa sensación después de la muerte de su maestro...

TWEEDIE: Sí, es cierto. De pronto, estando en estado de meditación profunda, noté que podía contactarlo; él estaba allí. Fue un momento muy dramático, sentí mucho miedo. Todo en mí estaba temblando, así... Él ya no tenía un cuerpo físico, era un centro de energía, pero lo reconocí. Y el verdadero entrenamiento, el entrenamiento espiritual, comenzó en ese momento. Tres semanas antes de morir el me había dicho: "¿Entrenamiento espiritual? ¡Tonterías! Todo lo que hice fue borrar, suprimir tu ego." Y yo me pregunté:"¿Todo este trabajo, todo eso que pasé, no fue entrenamiento espiritual?" Estaba furiosa, pero él tenía razón. El entrenamiento espiritual comenzó en meditación profunda, [cuando estaba] en el Himalaya, y aún continúa. Lo puedo contactar en todo momento; [y] no sólo en meditación, lo puedo contactar ahora mismo mientras estamos hablando [porque la conexión es interior]. Hay cosas que dije que 'pasaron' a través de mí, no era yo. Ciertas cosas…ciertas cosas pasaron a través de mí y otras no.


ENTREVISTADOR: ¿De modo que usted tiene la constante sensación de su presencia?

TWEEDIE: Ciertamente. Es como si viese a través de sus ojos. Es como vivir en la presencia de… ¿Dios? No lo sé. Pero digo Dios porque él es uno con Dios. Uno siempre está consciente de… Mira, hay una frase: "Que pongamos el sello de nuestra inmortalidad en cada acontecimiento de nuestra vida diaria." Ese es siempre el trabajo del Ser Superior, del alma. Desde allí, no puedes hacer nada pequeño, ninguna acción miserable. Porque de algún modo es como un juramento, un compromiso, esa tal vez sea la forma en que mejor pueda expresarlo.

Cuando mi maestro falleció, yo creí que él me había traicionado. Había tenido que repartir, entregar, todo mi dinero. Mi marido había estado en la Marina Real del Reino Unido y me había dejado un muy buen pasar. Tenía suficiente dinero como para viajar y hacer de todo, y mi Gurú dijo, no puedes decirle al Amado—nosotros los sufíes llamamos a Dios, el Amado. Dios no es ni el juez ni el creador, es el Amante de nuestra alma.


ENTREVISTADOR: La poesía sufí está llena del Amado.

TWEEDIE: Y los místicos experimentamos este estado de unidad con el Amado; y es realmente una condición de amor. Pero, ¿con qué estás unido en la noche? Con nada—con un agujero negro. Dios es la Nada. Y la palabra Allâh significa exactamente eso. "Al"—es el artículo “la” y "lah" significa "nada"; y si escribes la palabra Allâh y observas, verás que hay un "Aaa-ooo"—y ¿dónde está la última "lâh"? Está escondida arriba como un pequeño tilde. ¡Hasta el nombre!

El lenguaje árabe es maravilloso, [aún] en la escritura se muestra que Allâh es "La Gran Nada". Y aquí se encuentra la tremenda dificultad de explicarle a la gente que desde ya, los sufíes somos místicos. Nosotros decimos el amante y el Amado. Sin embargo cuando tú experimentas la unión con el Amado durante la meditación, estás unido con la Nada. Pero esta es una nada que responde, que contesta, que te ama completamente, totalmente, porque Él te ha creado; Él no puede evitar amarte… y si no Te ama, como dice Rumi, "llorarás, llorarás y seguirás llorando hasta que la leche de Su compasión hierva." Él no puede evitarlo, tiene que amarnos, Él nos hizo. De hecho, Él es parte de nosotros, y como dice Teilhard de Chardin, "Dios Se experimenta y alcanza Su realización en el ser humano,"—lo estoy citando de memoria, probablemente no es exacto—y casi lo excomulgaron por ello.

No somos tan sólo nosotros quienes decimos esto. Pero es 'nada' para la mente, porque en el momento de unión no hay mente. Para la mente, Dios es un concepto que no existe, [la mente] no puede comprobar nada, porque no está allí. Eso sucede por la esencia misma de la mente que tan sólo puede percibir las cosas desde afuera de sí misma. Existe el conocimiento y yo, el conocimiento que he adquirido, estamos tú y yo, o sea, el yo y el no-yo. La divinidad eres tú—uno no puede ver sus propios ojos. ¿Cómo podría no existir Dios? ¡Es imposible! Pero en los momentos de unicidad donde, como comenté, hay completa unión, realización, Dios es Todo, es pura plenitud, cómo en el comentario del Isa Upanishad, "Plenitud, quita la plenitud de la plenitud, sólo queda la plenitud."




ENTREVISTADOR: Es como el "sunya" (Vacío) del budismo y de la "No-cosa" del zen.

TWEEDIE: Exactamente, todo es lo mismo. Y aquí yace este maravilloso y tremendo consuelo; somos tan inseguros, tan asustadizos… La máxima seguridad es… soy una estudiante de religión comparada, y en todo lo que leo, si rasco un poquito, debajo de la superficie está la unicidad, la unidad infinita. Puedes llamarla con diferentes nombres, sí, según el tiempo, el lugar, la gente, y sin embargo Todo es Uno. Y ¿por qué hemos de sentir miedo? Hemos muerto tantas veces y naceremos tantas veces más. Lo encuentro tan inspirador, tan bello…



ENTREVISTADOR: Al principio usted pasó por grandes agonías por causa de las dudas.

TWEEDIE: Alrededor de unos cuatro años, sí, y él me indicó: "Escribirás un libro; incluye en él todas tus dudas porque eso ayudará a la gente." Todos tenemos vacilaciones y las dudas son muy útiles.



ENTREVISTADOR: Sí, eso me recuerda nuevamente la frase zen que dice que cuanto mayor la duda, mayor la iluminación.

TWEEDIE: Correcto, exactamente…yo estaba por decirlo, pero tú lo has dicho primero, muchas gracias. (Risas)



ENTREVISTADOR: Cuando usted comenzó a enseñar en Occidente, ¿encontró alguna dificultad en trasmitir ideas tan orientales?

TWEEDIE: No, para nada. Primeramente, nunca consideré que estaba enseñando. Todos somos discípulos de Dios; todos estamos en el mismo bote; todos estamos tratando de alcanzar la Verdad; somos todos pecadores tratando de mejorar. Y lo que yo hago tal vez es estar un paso más adelante porque hice un poco más de esfuerzo, nada más. No me considero una maestra en absoluto. Y no encontré ninguna dificultad con las ideas orientales, para nada.

Verás, siempre fui miembro de la Sociedad Teosófica y daba conferencias para la sociedad. Hubo un tiempo en que daba 150 charlas al año; eso es un promedio de una conferencia cada dos o tres días. Di conferencias en las provincias, viajando mucho, y esas también eran ideas orientales. La gente que llegó a mi grupo al principio era de la Sociedad Teosófica y ya sabes como corren los rumores… la gente empezó a venir y a venir y estamos creciendo y creciendo y un grupo enorme está llegando, Dios mío, va a ser imposible… ¡Quiero decir que necesito un departamento más grande!




ENTREVISTADOR: En alguna parte de su libro usted menciona que no se usa un método específico, que de hecho usted hace muy poco. ¿Significa entonces que no hay ninguna disciplina ni ningún tipo de práctica?

TWEEDIE: No hay una disciplina y sí hay prácticas. Pero al comienzo tampoco doy prácticas. No doy mantras. Mira, yo quiero permanecer con mi maestro. Él dijo que ya no volverá a encarnar. Lo dijo al principio; yo era tan ignorante en esos tiempos que le dije que a mi tampoco me gustaría volver a encarnar, que quería quedarme con él; entonces él me miró profundamente como diciendo que iba a tener que hacer un esfuerzo descomunal. Por eso, si comienzo a querer darle algo a alguien o si tengo un deseo cualquiera, crearé karmas. Debo mantenerme completamente sin karmas para poder permanecer con mi maestro. Por eso no hago nada. Espero hasta que él me dé la orden de dar algo.

Por esa razón si una persona llega a mí, al comienzo no hay nada, tan sólo tomamos el té, estamos juntos y el ambiente es especial, la meditación es muy bella, y eso es todo lo que hay. Poco a poco, recibo la instrucción de dar una práctica a esta persona o esta práctica a otra, y entonces lo hago, nada más. Externamente no hay disciplina, es únicamente un encuentro de gente y mucha risa y muchos chistes.

Recuerdo que al principio había un americano, creo que era protestante; él tenía una esposa muy hermosa que acostumbraba a venir con nosotros porque Margaret la trajo desde el comienzo. Y después él vino una o dos veces para ver dónde estaba su mujer pero no le gustó, de modo que ella continuó viniendo sola y él no se opuso porque pensó que era bastante inofensivo. Y un día que estábamos contando chistes, yo me sentí con ganas de contar chistes franceses, y algunas veces eran un poco pasaditos…Y entonces Irene cuando regresó a su casa y su marido le preguntó: "¿Qué estuviste haciendo?" Ella le contestó: "Oh, la señora Tweedie estuvo contando chistes franceses. Él dijo: "¿Qué?" y desde entonces no la dejó venir más. ¡Me reí sin parar! Este es un encuentro sufí, ¿entiendes? Tenemos muy poco, hay disciplina y tengo dos hombres que están en el sendero del poder, uno de unos 60 y otro de unos 29 años. Esto significa, por supuesto, que deben controlar la energía sexual, pero se hace en forma privada; no tiene nada que ver con el resto del grupo y les va bastante bien.




ENTREVISTADOR: ¿Los mantras que ustedes usan, son en sánscrito o en árabe?

TWEEDIE: En ambos.



ENTREVISTADOR: ¿Usan ustedes palabras como "La illaha illa la"?

TWEEDIE: Sí, "La illaha illa la" y también doy mantras en sánscrito como "Aum", ambos. Porque verdaderamente todo es Uno. Pero no soy yo quien da el mantra. Recibo la indicación de darlo y yo solamente lo paso y después la gente me da las gracias por lo que sea que sucede. Porque en nuestro grupo suceden cosas increíbles. Milagros. Hemos sido testigos de gente que tiene cáncer y se cura, gente que no pasa exámenes y los pasa; gente que no pueden tener hijos y tienen un hijo y así todo el tiempo. Sin embargo, yo siempre digo que he de orar pero no lo haré sola, el otro también debe orar conmigo. Si el otro no reza conmigo nada pasará pero cuando la gente ora conmigo sí sucede. Luego las personas vienen y me agradecen y yo les contesto ¿por qué me agradeces? Yo soy como un teléfono, como una radio, únicamente paso el mensaje. Es el otro quien lo ha hecho y yo también lo hice, lo hemos hecho juntos.



ENTREVISTADOR: ¿Cómo meditan?

TWEEDIE: La meditación [que practicamos] no es meditación. Somos muy parecidos al budismo zen. Nos sentamos sin sentarnos, caminamos sin caminar, meditamos sin meditar. Es un estado de ser, es ser siendo. Si le dices a un ser humano "frena tu mente", no lo hará, nada sucederá. Nuestra meditación ha de llevarnos más allá de la mente, a la quietud total. Hablando estrictamente no es una meditación, es un estado yóguico para aquietar la mente, eso es lo que verdaderamente es. Y cuando se medita, se medita sobre algo, y en cambio nosotros tratamos de dejar la mente atrás completamente. Entonces sí, se puede decir que hay un método que se da a todos. El cuerpo se relaja completamente en cualquier posición física, te puedes recostar, sentar, te puedes sentar de piernas cruzadas que es realmente la mejor postura. Y una vez que estés totalmente relajado, te puedes olvidar del cuerpo físico.

Como estamos hechos a imagen de Dios, existe un lugar en nuestros corazones donde sólo Dios reside, que solo le pertenece a Él, que está reservado únicamente para Él. Te comprobaré que lo que digo es cierto. Cuando uno ama, aún cuando uno ame profundamente, muy profundamente a otro ser humano, igualmente, en algún lugar uno continúa sintiéndose solo y siente que este ser humano tan amado no tiene acceso a ese lugar, no puede calmar esa soledad, ese vacío. A mí me sucedió cuando estaba con mi marido. Yo lo amaba muchísimo. Me dije a mí misma: "¡Me siento tan realizada, tan completa!" Lo amaba y éramos muy felices; "sin embargo existe este anhelo, de alguna forma me sigo sintiendo sola, ¿por qué?" me pregunté. Este es el lugar que Él, Dios, reservó para Sí. Porque tú y yo y todos los demás estamos hechos a Su imagen. Entonces, una vez que nos relajamos intentamos acceder a este lugar que sólo le pertenece a Él. Tenemos que imaginar tres cosas. ¡Hasta Ibn Arabi acostumbraba a usar mucho la imaginación en sus prácticas espirituales! La imaginación es algo divino en el ser humano y es muy útil.

Debemos imaginar que vamos profundamente dentro de nosotros, más y más profundo, y más profundo aún. Allí debemos hallar este espacio donde está la quietud, la paz y por sobre todas las cosas: el amor. Dios es amor, el ser humano es todo amor, pero los seres humanos lo han olvidado hace mucho. Tomará algún tiempo encontrar este lugar. Cuando hallamos este espacio necesitamos utilizar la imaginación por segunda vez. Estamos en el lugar y este espacio, de más está decir, se encuentra en el corazón. Nos ubicamos en esta recámara de quietud que se halla en nuestro corazón, e incluimos todo, hasta el cuerpo físico, rodeados totalmente por el amor de Dios. Somos amados, nos sentimos seguros y nada queda fuera de este espacio, ni un pelo, todo está allí. Ese es el uso de nuestra imaginación por segunda vez. Y luego, por supuesto, mientras tratamos de encontrar este lugar nuestras mentes no nos darán problema, porque a la mente le gusta estar ocupada. Pero cuando estemos quietos, los pensamientos vendrán a nuestra mente—ayer me olvidé de hacer algo, tengo que hacer algo mañana o tengo que hacer un llamado telefónico y todo tipo de cosas.

Allí aplicamos la imaginación por tercera vez. Imaginamos que tomamos el pensamiento y lo ahogamos en el amor. Y si se esto hace correctamente el pensamiento deberá irse y nada quedará. Y se irá de verdad, porque el sentimiento de amor que uno genera al estar en la cámara del amor es mucho más dinámico que el pensamiento—el pensamiento realmente se disolverá. De modo que esa es la práctica. Más tarde, ya estoy haciendo este "trabajo" hace 25 años, le digo a mi mente "para" y ella se detiene. Pero el ser humano que acaba de llegar a mí y tal vez no tenga ni idea sobre la vida espiritual, le puedo decir—probablemente podrás aquietar tu mente, estoy segura que lo lograrás—pero ese es uno de los métodos. No digo que sea "el método," eso sería tonto. No existe tal cosa como un camino imperial a Dios. ¡Mentira! Cada método es igualmente bueno. El método zen es bueno, el método kundalini es igual, el raja yoga, todos ellos te llevarán [a Dios] si eres sincero; y si te dispones a hacerlo, hazlo. Y si no practicas, bueno, ningún método te ayudará.


ENTREVISTADOR: "Ahogar el pensamiento en el amor"—¡qué hermoso!

TWEEDIE: Sí, así es. Y te ayuda. Mira, todos lo lograremos con el tiempo. Tengo gente en el grupo que ya lo pueden hacer muy bien.


ENTREVISTADOR: Entonces a sus alumnos, si puedo llamarlos así, usted les permitirá que encuentren su propio camino y que cuando necesiten, le pregunten para que usted les guíe.

TWEEDIE: Exactamente, comprendiste perfectamente la idea. Guruji acostumbraba decir: "Deja al hombre solo y él encontrará a Dios a su modo." No me digas que debes sentarte en esta posición, que tienes que hacer esto o lo otro, que tienes que meditar de aquella manera. Solamente practica encontrar este espacio dentro de ti. El resto vendrá solo. El objetivo principal es sacarse de encima todas las técnicas.


ENTREVISTADOR: Demasiada técnica puede provocar el efecto contrario, puede llevar a la gente completamente en la dirección equivocada.

TWEEDIE: Ciertamente. Por ejemplo, a veces encuentro que los vegetarianos están más condicionados y son más dogmáticos que cualquier otra cosa, más que la religión. Es terrible, debes masticar la comida no sé cuantas veces, esto no lo debes comer y esto debes hacer, ¡Dios mío! Nosotros tratamos de sacarnos los condicionamientos y aquí nos condicionamos aún más. Mira, cuando él me echó de la India, no solo de su presencia física, me echó de la India por completo—esta, de nuevo es la antigua tradición, que en enojo aparente el maestro te eche fuera—Le pregunté: "¿Necesito continuar siendo vegetariana?" Él contestó: "Lo dejo a tu criterio." Y cada vez que le pregunté algo, él me contestó: "Lo dejo a tu criterio." De modo que toda la responsabilidad yacía totalmente en mí.


ENTREVISTADOR: Eso es; uno se hace responsable por lo que hace.

TWEEDIE: Somos los árbitros de nuestro propio destino. Verás, el sufismo no es ni una religión ni una filosofía. Me gustaría enfatizar esto, es un sendero a Dios. Esa es una declaración importante. No es mía, es de mi maestro. No es ni una religión ni una filosofía, es un sendero hacia Dios, nada más. Y en cada país y lugar donde se instalaron los sufíes, asumieron la cultura local, la parte de la cultura que era apropiada. De modo que si ellos fueran al Japón, utilizarían expresiones japonesas y meditación japonesa, me imagino, porque "deja solo al hombre y dale un poquito de guía únicamente, que él se encontrará por sí mismo." Todas esas otras cosas no son muy importantes.



ENTREVISTADOR: No, no lo son. En algunos libros sobre sufismo que uno lee, daría la impresión de ser una senda muy hermética y que el buscador tiene que ir de un lugar a otro, de una persona a otra antes de tan siquiera encontrar donde queda la escuela de conocimiento. A menudo pienso que es una forma de actuar muy extraña.

TWEEDIE: Yo también lo pensé. Cuando escuché esta frase: "De aquellos que hacen el viaje, no llegan noticias" pensé: "¡Oh, qué maravilloso! A uno le confían secretos tan increíbles que no se pueden revelar, qué bueno." Ya ves, como a los chicos, al ser humano le encantan los secretos; es bárbaro, es un secreto, ¿ves? Pero no es verdad. No puedes revelarlo porque no tienes las palabras y no puedes volver atrás porque no vale la pena hacerlo. Daré otro ejemplo muy banal pero bueno, una analogía muy buena. Un pequeño juega con fósforos, la madre entra al cuarto y lo ve jugando, tratando de encender los fósforos. "¡Dios mío! Ahora si se los saco va a empezar a llorar y a gritar, no quiero que llore," de modo que rápidamente tomo una llamativa pelota colorada. Le digo "querido, ¿no es bonita?" El niño deja los fósforos y toma la pelota. Uno recibe cosas tan bellas que esta vida vale cero. No tienes nada a lo que volver y no tienes nada qué decir; eso es lo que significa esta frase. Es un secreto, pero…



ENTREVISTADOR: En el sentido de que no se puede decir.

TWEEDIE: En cierto sentido no se puede decir, tú lo has dicho muy bien. Yo estaba buscando las palabras, gracias. Eso es todo, verdaderamente.



ENTREVISTADOR: No hay nada más que decir.

TWEEDIE: Nada más que decir.