The Golden Sufi Center

Oscuridad y luz

Publicado en versión original en inglés en whenthesoulawakens.org, agosto de 2012

 

"En este momento de transición en el que la humanidad
se hunde cada vez más en su pesadilla de autodestrucción,

la luz de lo sagrado nos está llamando,
y todavía tenemos la posibilidad de responder."

Hace unos años salí de una meditación con una frase que me perturbó y me sorprendió. Las palabras que se me dieron eran muy simples: "Aquellos que siguen la luz, siguen la luz. Aquellos que siguen la oscuridad, se quedan aquí." En aquel momento, tanto lo que escribía como mis enseñanzas estaban centrados en el tema de la unidad; estaba explorando cómo el siguiente paso en nuestra evolución será despertar a la conciencia de la unidad: la conciencia de que todos somos parte de un organismo espiritual interconectado. Y, de repente, se me dio una afirmación profunda y casi paradójica que decía lo contrario: que habría una división entre los que siguen la luz y los que siguen la oscuridad. Me dejó una sensación extraña de desazón.

Desde entonces, he meditado acerca de esta afirmación, intentando comprender su mensaje. Observando el mundo exterior, escuchando al mundo interior, así como a los sueños y visiones de otros, he terminado creyendo que hemos llegado a una era de división, de separación entre la oscuridad y la luz. Mirando alrededor nuestro, a un mundo cubierto de materialismo, envuelto en un olvido profundo de lo sagrado, existe muy poca evidencia que indique un mundo de luz.

En su lugar, las fuerzas de la oscuridad, con su explotación global y su codicia, con su destrucción ecológica y profanación sin precedentes, parecen haber tomado el mando. Cada vez que tenemos el potencial de tomar una decisión colectiva para ayudar a la humanidad y al medio ambiente, bien en la Conferencia del Cambio Climático de Copenhague en 2009 o en la Cumbre de Río de este año, hemos antepuesto la explotación a una preocupación real por el bienestar de nuestro planeta. De hecho, en la Cumbre de Río, el término "sostenibilidad" se transformó en "crecimiento sostenido". Al mirar únicamente al progreso material, la humanidad ha olvidado su papel sagrado como guardián de este planeta.

Y, sin embargo, existen también señales de un despertar espiritual global. El principio de la unidad, de ser parte de un todo vivo que está interconectado, ya no es una idea marginal. Hay un anhelo dentro de mucha gente de diferentes partes del mundo por volver a lo sagrado, por vivir la conexión con lo divino en su interior y en la vida. Muchos están insatisfechos con los valores del materialismo y la civilización fría e impersonal que promueve. Tanto individualmente como en grupo, la gente aspira a crear una forma de vida basada en una relación con lo sagrado. A menudo parece que aquellos que aspiran a vivir con esta luz que está despertando y aquellos que están siendo cada vez más profundamente absorbidos por las adiciones del materialismo viven en planetas diferentes.

Algunas personas están esperando, deseando, que las profecías del Calendario Maya signifiquen que al final de 2012 ocurrirá la esperada transformación global. Otros ven señales más oscuras en el horizonte, tienen la sensación de que se nos acaba el tiempo, de que estamos al borde de un colapso ecológico o económico, en un punto de inflexión sin precedentes cuyos efectos no podemos predecir. Todos tenemos nuestras esperanzas y nuestros miedos, algunos compartidos y otros secretos. Pero no podemos negar que en los mundos exteriores e interiores están ocurriendo cambios primarios. ¿Es esto una crisis, una oportunidad, o las dos cosas?

Mi sensación personal y gran tristeza es que hemos llegado a, o incluso superado, el punto de inflexión, y que la humanidad ha tomado una decisión colectiva. Ha decidido perseguir sus sueños de prosperidad económica, ignorando el medio ambiente y su propia alma. Hemos rehusado colectivamente asumir responsabilidad por nuestras acciones, por la reducción masiva de especies, el calentamiento global y la contaminación que seguimos causando. La humanidad ha decidido permanecer en la oscuridad, olvidando lo sagrado que existe dentro de toda la vida.

No podemos volver a la simplicidad del estilo de vida indígena ni a los métodos del cazador-recolector, pero podríamos haber hecho una transición hacia una sostenibilidad real que cuide de toda la vida y su naturaleza de interconexión sagrada. En lugar de esto, hemos tomado una decisión colectiva por el "crecimiento sostenido", sin importarnos las consecuencias. Hemos colocado a nuestro bienestar material por delante del bienestar del todo. Nuestra adoración por los dioses falsos del materialismo se ha convertido ahora globalmente en un fenómeno destructivo.

No podemos siquiera imaginarnos lo que esto significa para el alma de la humanidad. A lo largo de toda su historia, la humanidad como colectivo nunca había tomado una decisión como esta; prácticamente todas las culturas previas tenían una arraigada conexión con lo sagrado, cualquiera que fuese la forma en que se manifestaba. Una decisión como esta habría sido inimaginable. Y lo que es especialmente aterrador ahora es que parecemos estar totalmente inconscientes de esta elección y de sus posibles consecuencias.

En nuestra arrogancia e ignorancia, hemos decidido olvidar nuestro rol sagrado como guardianes del planeta. Hemos elegido no escuchar el grito de la vida misma, mientras envenenamos sus aguas y hacemos que se extingan sus especies. Ni siquiera nos damos cuenta de que el ecocidio sin precedentes que estamos cometiendo de forma tan irresponsable también tiene una dimensión espiritual. Nuestra profanación ha creado un páramo interno más grande que las Tar Sands de Alberta del Norte.  Como resultado, una sustancia sagrada que es necesaria para alimentar al alma de la humanidad está debilitándose más y más; muy pronto ya no se podrá acceder a ella.

Tradicionalmente, esta sustancia se alimentaba de los comportamientos sagrados de la humanidad, de sus oraciones, sus símbolos y ceremonias. Por ejemplo, cuando la tribu indígena Pomo, de California del Norte, tejía cestas, las mujeres salían a bendecir la hierba antes de cortarla. Mientras estaban tejiendo las cestas, se ponían juncos u hojas de hierba en la boca para humedecerlas y rezaban. De esta forma, se entretejían en la cesta las partes físicas y espirituales de la vida. La relación con todos los aspectos de la vida era la misma: la trama y la urdimbre de lo físico y lo espiritual se entrelazaban en el único tejido de la vida, que era siempre sagrado. Los pueblos indígenas veían su vida como una comunión entre la tierra y el espíritu que les alimentaba y al mismo tiempo alimentaba a la creación; los dos estaban tan entrelazados que hubiese resultado imposible siquiera pensar en alimentar uno sin alimentar el otro.

Pero hemos perdido estos comportamientos sagrados y olvidado su propósito. Y ahora nuestra cultura de consumo occidental, que no tiene ninguna relación con la dimensión sagrada de la creación, se ha convertido en un monstruo global. La sagrada sustancia dentro de la creación que da significado a nuestra existencia ya apenas se encuentra presente; el alma de la humanidad se muere de hambre y ni siquiera nos damos cuenta. Atrapada en la oscuridad que hemos creado, ¿tiene la humanidad alguna otra opción que la de permanecer en este mundo carente de alma?

Y, sin embargo, esta oscuridad no es todo lo que está presente. Hay una luz que nos está llamando. Aquellos que están respondiendo dirigen la vista hacia una forma de ser diferente; una forma que no esté seducida por el materialismo y su consecuente olvido de lo sagrado. De muchos modos diferentes, aspiran a vivir esta luz de lo divino. Pero esta luz ya no puede penetrar la oscuridad de nuestra conciencia colectiva. Es cada vez más difícil para la luz existir en un mundo tan carente de lo sagrado, que no tiene nada que lo sustente. Los caminos de la luz han comenzado a separarse del mundo de la oscuridad. Las palabras que se me dieron hace todos esos años comienzan a decir una verdad que solo ahora alcanzo a comprender.

¿Cómo podemos acceder a la luz? El mundo de luz está siempre presente, simplemente escondido detrás de los deseos del ego y nuestros impulsos instintivos. Nuestros impulsos instintivos básicos, como la lujuria o la agresividad, son muy tangibles, y algunas de nuestras acciones y actitudes egocéntricas también son muy visibles. Otras seducciones del ego son, sin embargo, más sutiles. Por ejemplo, en nuestra cultura contemporánea el ego ha creado una imagen de la vida espiritual que sutilmente sirve a los propios propósitos del ego. La espiritualidad que ahora se vende en los mercados como un vehículo de autosuperación y fortalecimiento personal, en vez de ayudar, ha creado una red de engaño. Sus promesas, centradas en los deseos y necesidades de nuestro ego, nos esconden de la simplicidad de nuestro verdadero Ser. La verdadera luz de lo divino no se puede comercializar ni vender sino que, como la luz del sol, es gratis y nos pertenece a todos. Sin embargo, lleva consigo el precio de la consciencia: una conciencia no distorsionada por el ego. Esta conciencia conlleva la verdadera responsabilidad que está siempre al servicio de lo más alto.

Si vamos a estar presentes en la luz, necesitamos rechazar al ego y sus patrones de interés personal. Entonces encontraremos un mundo muy diferente que se abrirá a nuestro alrededor. El conocimiento superior que pertenece al mundo de la luz se hará accesible gradualmente. En esta luz veremos más claramente la unidad de nuestro mundo multidimensional, la "unidad del ser" que los místicos, desde hace mucho tiempo, saben que es la verdadera naturaleza de la existencia. Y aprenderemos cómo vivir de acuerdo con la forma en que la unidad opera, que es muy diferente a las luchas y exigencias de la dualidad, el aparente mundo de separación en el que llevamos siglos viviendo. Lo sagrado estará una vez más presente, aunque de forma diferente: no como algo que hay que buscar o anhelar, sino como algo que está de forma natural dentro de nosotros y a nuestro alrededor; lo divino, una vez más en comunión directa con nosotros. Y esta relación con lo sagrado incluirá necesariamente a la creación: una conciencia de la luz de lo divino presente a lo largo y ancho de la red de la vida. Seremos capaces otra vez de leer el libro de revelaciones de la naturaleza y aprender a trabajar con la verdadera magia de la creación. Este es el futuro que se nos ofrece en este preciso momento.

Actualmente, estas dos realidades parecen coexistir. Gente que vive en las mismas ciudades y en las mismas calles están ya en mundos muy divergentes. Existen aquellos que niegan los peligros del cambio climático y creen que podemos seguir tranquilamente con nuestra expansión económica; al creer en el mito del progreso, esperan que la tecnología nos salve y, en su ceguera, no pueden ver las consecuencias reales de nuestra insostenible forma de vida. Los efectos del ecocidio que estamos perpetuando y la consecuente profanación del mundo interior del alma ni siquiera penetran su conciencia. Y hay muchos otros que conocen una realidad muy diferente en la que la sostenibilidad interna y externa y un redespertar de lo sagrado son realidades vivas. Es incierto cómo estas comunidades continuarán juntas en el futuro.

Lo que realmente importa en este momento son las elecciones individuales que hacemos. En nuestro mundo de libre albedrío, nos toca a cada uno tomar la decisión: seguir la luz o la oscuridad. La oscuridad está muy presente a nuestro alrededor y continua atrayéndonos con sus deseos egocéntricos y sus distracciones de materialismo carente de alma. La luz nos ofrecerá una forma nueva de ser, una nueva conciencia de nuestra naturaleza divina. Y, sin embargo, como pasa con todas las transiciones, tendremos que sacrificar algo: el apego al materialismo, el enfoque en nuestro yo que excluye al todo. En este momento todavía hay un puente entre estos dos mundos, todavía existe un camino en el que se puede viajar desde la oscuridad hasta la luz. Pronto, la línea divisoria interna será demasiado ancha y la posibilidad de elegir habrá pasado. Pero, en este momento de transición en el que la humanidad se hunde cada vez más en su pesadilla de autodestrucción, la luz de lo sagrado nos está llamando, y todavía tenemos la posibilidad de responder.