The Golden Sufi Center

Un Diálogo de Luz:




Hemos olvidado que la Tierra es un ser viviente, sagrado y divino.
Hemos exiliado a Dios al cielo para poder hacer aqui lo que queramos.

— LLEWELLYN VAUGHAN-LEE

No hay una partícula en la creación
que no lleve Tu Luz.
Ayer le pedí a otros una señal de Ti,
hoy no hay un signo que no Te pertenezca.

— JAMI


En este momento de transformación global, la idea de activismo espiritual está siendo compartida por muchos líderes — se están organizando conferencias, muchos están considerando el modo de reunir la espiritualidad y el activismo para crear un nuevo acercamiento que responda a las urgentes necesidades de nuestro planeta. Sin embargo, el místico sufí Llewellyn Vaughan-Lee piensa que muchas de estas propuestas aún continúan manteniendo el mismo criterio, plan y accionar que han ayudado a crear la crisis actual. La visión de Llewellyn sobre el activismo espiritual se basa radicalmente en una profunda entrega a Dios y en la comprensión de que la humanidad por sí sola "no puede arreglar" el mundo, pero que sí puede participar en su sanación, de un modo parecido al terapeuta que atiende mediante una gran receptividad a una persona en crisis. Para Llewellyn, la transformación del mundo no acontecerá a través del esfuerzo de seres humanos divorciados de lo que es sagrado. Él habla de los "pioneros de la conciencia", aquellos que vislumbran su propia luz espiritual y son llamados a servir a la Totalidad y a entrar en diálogo con la luz del mundo.

Me sentí atraída a Llewellyn gracias a una profunda resonancia que siento con la enseñanza y la poesía sufí y también porque él había ofrecido una conferencia con mi maestra Adyashanti, e iba a dar una charla con la Sra. Pamela Wilson. Luego me enteré que además había sido estudiante de Irina Tweedie, cuyos intensos relatos sobre sus experiencias con su maestro sufí me habían impactado enormemente cuando yo tenía 26 años. Mi interacción con la organización de Llewellyn fue muy dulce y cuando fui a conocerlo personalmente a Santa Fe, New Mexico mi corazón se sentía feliz, como si estuviese yendo a visitar a un viejo amigo. Charlamos sentados cerca del calor del hogar del cuarto del hotel junto con su mujer, Anat, que sentada en la cama, ocasionalmente agregó algún comentario a nuestro diálogo. Lo que me impactó especialmente de Llewellyn fue la increíble dulzura con que habló de Dios; su tono suave y reverente me trajo lágrimas a los ojos en más de una ocasión. Desde el principio me aclaró que él se refiere a Dios como a "Él" y que llama así a la divinidad por conveniencia [lingüística] únicamente. [Dios no es ni masculino ni femenino]

La divinidad es una esencia simple dentro de cada uno de nosotros que nos pide que atendamos, que seamos receptivos, que nos acerquemos de rodillas, en silencio, reverentemente — entonces sus secretos comienzan a revelarse. Así que debemos dejar la abultada conversación mental que hace planes y se orienta a tener objetivos sobre nuestro mundo. Y necesitamos entregar todos los conocimientos que hayamos adquirido previamente a que se consuman en el fuego de entrada al momento presente, permitiendo la conversación con el aspecto sagrado que existe en toda la vida, para que esta nos guíe y nos muestre cómo vivir de un modo totalmente distinto del que hemos aprendido.

La perspectiva de Llewellyn surge de la transformación que él mismo experimentó cuando era joven. Cuando tenía 16 años leyó este koan Zen en un tren subterráneo:

Los gansos salvajes no intentan proyectar sus reflejos.
El agua no tiene mente para recibir sus imágenes.

[Este koan] "Encendió una luz dentro de mí", contó Llewellyn. "De pronto desperté. En ese tiempo yo estaba en un colegio internado en la rivera del río Támesis. Allí había un hermoso jardín donde yo acostumbraba a sentarme a modo de retiro de los problemas del internado de varones. Volví a este jardín y lo vi completamente diferente. Había una luz allí, una vibración, una alegría, una belleza; era como estar en el paraíso. Reí y reí y reí. Me reí por semanas porque de pronto vi la alegría, la risa dentro de la creación, este extraordinario experimento divino que es, como dicen los sufíes, Su broma. Despiertas y ves al mundo como realmente es, el cual es muy distinto del mundo velado por nuestros pensamientos, deseos, condicionamientos. Tienes una experiencia directa de ello."

Más tarde cuando Llewellyn tenía 22 años, tuvo una experiencia profunda que duró dos o tres semanas. "Se hizo más y más intensa, y luego fui llevado a un nivel de conciencia totalmente diferente," él describió. "Me hice consciente de que era un alma. Pasé un año en un estado donde no había mente, sin tiempo — tan sólo había felicidad. Estuve en casa de mi madre porque no podía cuidar de mí mismo — yo no estaba aquí. Ella cocinaba ocasionalmente para mí, pero apenas si comía. Y luego lentamente la conciencia egoica se rearmó alrededor de otro centro de conciencia. Nunca eres el mismo después de esta experiencia. El ego ya no es más el gobernante de la casa. Aún tiene cosas que hacer, pero ya no es más el jefe."

Tradicionalmente, los místicos como Llewellyn se alejan del mundo exterior y se separan de la sociedad para encontrar a Dios. El mundo externo pierde importancia porque se vislumbra un mundo interior de increíble luz que es mucho más hermoso; y este mundo interior lleva al místico más y más profundamente hacia la verdad que existe dentro de su propio corazón. "Tu atención es verdaderamente llevada a la luz, o a lo que se llama "la oscuridad deslumbrante" — la oscuridad mística en la que todos los amantes se pierden a sí mismos," dijo Llewellyn. "Haces este extraordinario viaje desde la existencia a la inexistencia. Descubres la verdad de tu propia inexistencia, la nada, el vacío dónde tú como ser humano ya no existes. Es completamente intoxicante y este mundo externo se desvanece. Experimentas que el mundo físico es tan sólo uno entre muchos mundos."

Algunas tradiciones ven a este mundo como un velo de ilusión, como olas en la superficie del agua — transitorio, irreal, simplemente una apariencia. Y aunque para el místico el mundo físico pierda importancia, algunos de ellos son atraídos de vuelta al mundo por Dios. Tal persona ya no está aquí por sí misma, por lo que pueda obtener, sino que se ha entregado en servicio a Dios. Según Llewellyn, en la tradición sufí, después del estado de unión viene la estación de servidumbre. Y "en tiempos de necesidad, algo en el corazón del mundo llama y algo en el corazón de Sus sirvientes, responde. En mi caso, descubrí que mi atención era llevada nuevamente al mundo — no al juego de ilusiones sino a algo diferente en este bello y terriblemente abusado planeta que está llamando."

Cuando se ha pasado por una transformación como la de Llewellyn, uno ya no ve el mundo del mismo modo. Como al despertar de un sueño, esta experiencia le permite a uno ver una luz en el mundo que no percibía anteriormente. Los velos que nos separan de la percepción directa se levantan y uno comienza a ver al mundo como realmente es. Los sufíes como Llewellyn ven este mundo como un lugar de revelación divina — a pesar de que no podemos conocer a Dios directamente (nadie conoce a Dios excepto Dios), podemos llegar a conocerLo a través de Su creación. Este mundo es un lugar donde la divina unidad infinita se expresa en muchas formas distintas. "Nosotros hemos olvidado que el mundo está vivo, que es un ser sagrado, que es divino," él dijo. "Hemos exiliado a Dios a los cielos para poder hacer lo que queramos aquí. Tal vez nos metamos en problemas después de morir, pero por ahora podemos hacer lo que más nos plazca."

Mucha gente siente el dolor del planeta y quiere hacer algo — pero lo que estamos condicionados a hacer es solucionar problemas. Sin embargo, desde el punto de vista de Llewellyn si respondemos desde un lugar de angustia o desde un sentimiento de necesidad de arreglar el mundo, simplemente constelamos más de lo mismo. "Este no es un activismo que consiste en ir haciendo cosas a las apuradas," él explica. "Hemos hecho suficiente. Hemos hecho suficiente lío con nuestra cultura del hacer. No necesitamos hacer grandes planes para salvar el mundo. Hasta los planes bien intencionados no abarcan la totalidad de lo creado, no trabajan con la divinidad dentro de la creación. En cambio, necesitamos trabajar desde un lugar de confianza y fe para atraer lo más elevado y abrir un espacio para Dios."

Al igual que un ser humano es un ser espiritual que puede pasar por una trasformación radical, también lo puede hacer el mundo. Un ser humano frecuentemente es llevado hacia una transformación profunda cuando todas las cosas se caen a pedazos y dejan de funcionar, de modo que comienza la búsqueda de un significado más profundo. Esto también le está sucediendo al mundo, el que, según Llewellyn, no sólo pasa por una crisis ecológica sino también espiritual. "Hemos maltratado mucho al planeta," el dice con ternura. "Ya no lo respetamos espiritualmente, ya no lo tratamos como a algo sagrado y esto ha causado una herida profunda en el alma del mundo."

Para Llewellyn, la solución está en el relacionamiento — hacer una relación verdadera con el mundo como un ser espiritual viviente, muy parecido a la relación que hacemos cuando mantenemos un espacio abierto para una persona que está pasando por un gran dolor o una crisis. "Cuando estás en crisis, sólo necesitas que una persona te vea como realmente eres. Entonces algo dentro de ti comienza a celebrar, a despertar con alegría," él dice. "No necesitas alguien que te diga qué hacer, que te arregle, que te dé un régimen dietario o ejercicios. Necesitas alguien que esté presente contigo tal como eres, en tu dolor y también en el conocimiento — porque ellos han pasado por lo mismo — de que al final del dolor hay una puerta hacia la persona más profunda y rica que tú puedes llegar a ser. ¿Y por qué sería distinto para el planeta? No es diferente. Los granjeros de antaño acostumbraban a hacer una relación con las estaciones del año, con la tierra; ellos acostumbraban a escuchar y observar. Los marineros cuando tenían que atravesar los mares, atendían a las pautas del tiempo; ellos hacían una relación. Nos hemos aislado y hemos tratado de dominar el mundo; hemos estado [funcionando] con el impulso del poder patriarcal y ya no funciona más."

Hay mucha gente en Occidente que ha tenido un vislumbre de su luz espiritual, que saben que este mundo físico no es todo lo que existe. Muchos han tenido una experiencia mística de unidad, aunque sea tan solo por un instante. Tal vez solos en la naturaleza o escuchando una bella música, ellos han dado un paso al costado de sí mismos y han visto que todo es Uno. Una vez que hemos percibido esta verdad, la pregunta es ¿cómo podemos usarla en servicio de la Totalidad? Llewellyn dice que "lamentablemente en el Oeste hay una infatuación con el ego que dice '¿cómo puedo usar este conocimiento para mi provecho, cómo puedo tener ahora una mejor vida espiritual?' en vez de 'he recibido este regalo de despertar espiritual, he tenido un vislumbre de unicidad, de esta luz, de esta paz, de este amor dentro de mí — ¿cómo puede ser usado en servicio de la Totalidad?'"

Entonces, ¿cómo puede uno servir a la Divinidad?

Primeramente, aprendiendo cómo ser — en vez de preguntarnos ¿qué puedo hacer? preguntarnos ¿cómo puedo ser? Desde el estado de 'ser' podemos armonizarnos con el espíritu de la creación. "Este mundo no es un acontecimiento ecológico”, explicó Llewellyn. "Hay un principio divino dentro de la creación y en mi experiencia el mejor modo de accederlo es estando en silencio, quieto, atento, receptivo. Soy sufí y para nosotros toda la relación con Dios es entre amante y amado. Uno no le dice a su amado qué hacer, sino que aprende a escuchar, a ser receptivo, a decir 'Amado, ¿qué quieres de mí?' De modo que parte de nuestro entrenamiento [espiritual] es aquietar la mente, poner el ego a un lado para poder atender lo que llamamos 'la indirecta o pista Divina.'"

Segundo, reconocer y llegar a comprender que somos parte de una totalidad viviente, ya sea que la veamos como a un organismo viviente o como a un ser espiritual; y que nos relacionemos con este todo viviente. Entonces hacemos una conexión consciente con la unicidad orgánica de la vida tanto desde un nivel físico como espiritual. "Podemos hacer una conexión espiritual directa entre nuestra luz espiritual y la luz del mundo, y podemos abrir un diálogo de luz”, sugirió Llewellyn. "La humanidad está recibiendo la oportunidad de hacer un cambio desde esta insular conciencia ego-céntrica — yo, mi, mío; lo que importa soy yo, lo mío, mi prosperidad — hacia la conciencia unitiva. Todos pertenecemos a esta divina unidad infinita."

El activismo espiritual verdadero es ser atraído hacia la energía espiritual de la vida y ver qué sucede. Si pudiésemos relacionarnos con el mundo como con un ser espiritual viviente, de pronto notaríamos que somos parte de la estructura orgánica de la vida, no sólo a nivel físico sino también a nivel espiritual. Llewellyn ve el mundo como una estructura orgánica de luz y a nuestra conciencia espiritual como parte de esta luz. Entonces, ¿cómo trabajamos con el planeta como un ser espiritual viviente del que nuestra conciencia espiritual forma parte?

"Lo importante es la presencia y la atención: llevar la conciencia de la Divinidad a la vida diaria, a nuestra práctica diaria”, dijo. "En todo momento que sea posible — estar presente con Dios en la vida cotidiana, cuando cocinamos, limpiamos, en la oficina, llevando los chicos a la escuela. En la arena global, algunos serán atraídos al modo en que el planeta funciona ecológicamente. Algunos recibirán un conocimiento más profundo de las finanzas mundiales y sobre cómo ayudar a que el dinero fluya alrededor del mundo. Otros están construyendo redes de luz, reuniéndose por medio de la oración, meditación o cánticos religiosos. Yo creo que los grupos espirituales son muy importantes — grupos que comparten un propósito más elevado, que están en servicio a algo más elevado, donde hay una relación verdadera entre las personas. Entonces una hermosa luz, una cualidad de energía espiritual está contenida en ese grupo; y esa energía puede comenzar a sanar el planeta. Es un poco como acupuntura mundial. Los seres humanos pueden sanarse a sí mismos mejor que con cualquier doctor y con el planeta es lo mismo; necesita re-equilibrarse con la luz espiritual de seres humanos despiertos que es muy poderosa.

"El cambio global va a ocurrir de un modo u otro y algunos van a ir con el cambio y formarán parte de la vida que se está re-creando. Otros se van a asustar y angustiar sobre lo que pudiesen perder y van a oponerse al cambio y se apegarán al dolor. La humanidad puede funcionar de un modo distinto; la humanidad puede despertar. No puedes convencer a la gente de esto, pero creo que hay gente que tiene este conocimiento dentro de sí y sólo necesitan que se les refleje.

"El planeta históricamente ha pasado por muchas crisis terribles”, Llewellyn continuó diciendo. "Existe la posibilidad de una verdadera transformación en este momento de crisis global, el cual es también un tiempo de gracia. Nosotros, los místicos, confiamos en Dios porque sabemos que no podemos lograrlo solos. Sabemos que sí podemos participar, pero que sin Él, no podemos hacer nada. Rumi dice que tú no puedes llegar a la primera estación del camino por ti solo — sin la Gracia divina no puedes hacer nada. Yo mismo he pasado por esta experiencia y sé cómo lo Divino puede cambiar tu vida.

"El mundo necesita de personas que estén abiertas a la Gracia divina. Eso es lo que he visto: que existe la posibilidad de que el planeta dé un paso hacia la próxima era, en celebración de sí mismo como "un" divino ser viviente del cual todos nosotros somos una gloriosa manifestación. Eso es con lo que quiero trabajar. Soy un místico y sé que este es Su mundo. Él es todopoderoso, Él es tan inmenso, una fuerza divina. Sí, Él le está dando la posibilidad de participar a la humanidad, pero es Su mundo. Tenemos que reconocer que no se trata de nosotros. Este es el gran error que hemos hecho: el mundo no trata de nosotros sino de Dios, de la divinidad, de la unidad infinita, de la luz, el amor, lo sagrado o como quieras llamarlo. Como sufíes decimos: da un paso al costado de ti mismo y contempla el Sendero. El cambio verdadero es muy simple: cuanto más se acerca uno a lo que es sagrado, más simples son las cosas. Estamos condicionados a ver el mundo como un problema complejo y a buscar respuestas igualmente complejas. Este planeta no es un problema complicado; es nuestro estado mental el que se ha vuelto complicado. Hay una fuerza divina muy poderosa dentro de la creación que podría despertar. Estoy interesado en saber qué ocurrirá cuando lo haga."